¿Cómo ha cambiado el confort del transporte público capitalino en los últimos 50 años?.
Haga el siguiente ejercicio: Cambie el título original del artículo llamado “Aprenda a esperar tranvía” por “Aprenda a esperar el Metro“. Luego, cambie el antiguo horario peak de la capital de las 12:00 por el de las 18:25, y finalmente, cambie la frase “Agustinas esquina de Ahumada” por “Estación Baquedano”. Verá que en nuestro transporte público las cosas siguen igual que siempre.
Aprenda a esperar tranvía
Juan Tejeda
Mi sentido deportivo ha comenzado a desarrollarse desde que tengo que viajar en tranvía.
Durante algún tiempo he observado que el solo hecho de esperar un carro a las 12 presta mayor firmeza a los músculos y desarrolla la resistencia física en general.
Sin embargo, cuando uno padece complejo de inferioridad y teme ser sorprendido en público en la ingenua actitud de una persona que cree en los tranvías, lo mejor es abrir ampliamente los brazos, aspirar el aire con profundidad, agacharse, levantarse y bajar las manos hasta tocar los pies, sin doblar las piernas.
Cuando se ha llegado a ser suficientemente práctico en este ejercicio y en otros parecidos, es recomendable tratar de tocar los pies de las otras personas que esperan.
Si el ejercicio le gusta, hágalo con las damas. Pero si ellas andan acompañadas, es conveniente abstenerse hasta no haber practicado el siguiente.
En cuanto el tranvía se acerque, láncese usted en medio de los demás como quien se lanza a una piscina. He visto numerosas señoras hacerlo con singular éxito en Agustinas esquina de Ahumada. Si usted logra caer encima, será trasladado gratis por la marea humana hasta el interior del vehículo. A veces uno cae debajo y es buen ejercicio tratar de salir. Si la lucha parece inútil, es bueno quitarle el diario al vecino y leerlo en el suelo mientras los demás pasan por encima. Este ejercicio debe repetirse hasta que la musculatura se haga más recia.
Si ello no basta, es un buen método recorrer el interior del tranvía en ambas direcciones y repetidas veces, cuidando de no pisar nada más que los pies ajenos. Numerosos caballeros de respetable aspecto viajan solamente con este objeto y confiesan que es sumamente agradable. Produce ligereza y precisión de movimientos, fuera de un placer semejante al de andar sobre alfombras.
En el caso de que quiera usted aprender a boxear, dé un disimulado codazo a su vecino. Este se enojará con un tercero, el tercero con un cuarto, y a los pocos instantes podrá gozar usted de un animado espectáculo boxeril. Un tímido pasajero que hace todos los días el mismo recorrido que yo me comunicó su sistema, pero tuvo que confesarme que aún no había recibido las lecciones suficientes para comenzar a boxear él mismo. “Sin embargo” agregó con esperanza “mi señora ya lo hace”.
El último ejercicio consiste en avisar el paradero con una cuadra de anticipación, tal como lo piden los letreros. Usted tendrá que luchar y poner en práctica todo lo aprendido en el trayecto. Luego, pasados unos dos kilómetros, el tranvía se detendrá y usted podrá caminar a pie al hogar, estirando las piernas hasta dejarlas laxas.
Saque usted sus propias conclusiones.
Instituto Ferroviario.
N. de la R: Juan Tejeda (1916-1972) fue periodista del diario La Nación y director de su suplemento literario. Utilizando el seudónimo “Máximo Severo” fue experto en lograr la sonrisa con sus notas humorísticas que también fueron difundidas por la antigua Revista Topaze, Revista Vea y Radio Portales.

